Cuando el hambre aprieta

El otro dia sali a aser un mandado y depronto veo esta eccena y me kede como idiota, No sabia si tragarme mis indirectas que habia dicho antes , acerca  que la gente de color no le gusta trabajar, pero valla que meresido la tengo fue como una bofetada de Soralla Montenegro a Nandito o fue como una mordedura de perro cuando no te la esperas, era como si yo fuera parabrizas de automovil y me echaran agua con hielo en la hora donde el sol esta en su mero apogeo, y partirme en pedasitos despasito y despues de la descarapelada me dieran una bofetada de tyson en la cara para rematar.

 

Era como ganarse la loteria estaba alli enfrente de mi asta ganas me dio de saludarlo, el tipo pintaba rayas con un gis en el pavimento y despues venian con la maquina a pintar, no era tanto k hacia sino como le hacia su silla no tenia las gomas cauchos como ustedes le llamen k pinche suerte tuve de verdad . Apesar de su impedimento encontro la forma de como haserle pork cuando el hambre aprieta no hay mas que someternos a su voluntad y como digo nuestro impedimento aveses no son las cosas exteriores k hay, nuestro impedimento se encuentra en la puerta de nuestras mentes y cada ves que queremos salir nos pone el pie para que tropesemos  y buelbamos a ser sus esclavos, pero se acabo, No seas uno mas del monton y si lo eres actua como uno normal mientras dejanos aogarnos en nuestra locura buuuahahahaha.

les dejo con un extracto de el libro  “Me Male Madres”  que puedes descargar desde el link de descargas en mi pagina de Libros   donde explica una teoria revolucionaria de lo que somos y asia donde vamos si siempre seguimos siendo mas de el monton.

Comiendo pasto por la eternidad;
santa desobediencia

Nos presentan la obediencia como un gran valor, y nadie se da cuenta de una sencillísima verdad: si todos hubiéramos sido totalmente obedientes a las tradiciones, la humanidad no habría evolucionado ni un chícharo. Si todos, pero todos, hubiéramos repetido como buenos niños las enseñanzas de los padres, nosotros estaríamos todavía comiendo pasto como las vacas. ¡Ni una ensalada hubiera sido inventada! Es sólo gracias a unos desobedientes que, afortunadamente, por cualquier razón, huyeron de los tentáculos infernales de este proceso de descerebración, que la humanidad ha evolucionado. Es gracias a un grupito de atrevidos revolucionarios que se ha inventado la ensalada. Una banda de unos pocos amigos, seguramente italianos, que se encontraban en la noche, a escondidas, en un sótano, fantaseando en cómo poder hacer más sabroso el pinche pasto que estaban hasta la madre de comer desde la eternidad. Y así una noche uno de ellos, de repente, agitando en el aire un puño, vibrante de emoción, temblando por el atrevimiento de osar infringir las tradiciones seculares, se levantó y, con los ojos febriles de raptus creativo, eructó un deseo que tenía sofocado en la garganta desde hacía milenios:

¡Pongámosle sal!

Se hizo un gran silencio. Todos sentían que eran testigos y protagonistas de algo extraordinario en la historia de la humanidad, de un salto histórico. Se miraron los unos a los otros incrédulos, titubeantes, hasta cuando, de repente, otros empezaron a temblar en un ataque de entusiasmo histérico:

¡Sí! ¡Sí! ¡Siiiiii! ¡La sal! ¡La sal! ¡La saaaaaaaal!!!!

Empezaron a abrazarse y a palmearse poderosamente sobre las espaldas, se besaban… y mientras el entusiasmo estaba al colmo… de repente, otro de ellos, con una urgencia irrefrenable, silenció a todos y, cayendo de rodillas, como poseído por algo más grande que él, empezó a repetir con tono hipnótico:

A… ceite… de… oli… va… A… ceite… de… oli… va…

Por un momento no se entendió bien lo que estaba pasando. Todos se quedaron confundidos. Pero el que parecía el menos vivo de ellos, sorprendiendo a todos, se aventó sobre el amigo que de rodillas continuaba babeando con los ojos en el vacío: “a… ceite… de… oli… va… a… ceite… de… oli… va…”, y, abrazándolo y besándolo, empezó a gritar:

¡Aceite de oliva! ¡Aceite EXTRA VIRGEN de oliva!

Nadie sabía ya cómo expresar la emoción. Las palmadas ya no eran suficientes. ¡Si ya imaginar algo virgen era difícil, imaginar algo extra virgen era ciencia ficción! Empezaron a agarrarse a patadas uno al otro, a jalarse el pelo y a escupirse encima por el entusiasmo… hasta que notaron que uno de ellos, el morenito, se había quedado aparte llorando y sollozando.

¿Qué pasó? ¿Qué pasó? —le preguntaron preocupados los demás.

Después de muchos desgarradores intentos de contener los sollozos, el morenito se las arregló para encontrar la fuerza para hablar, y finalmente prorrumpió con un grito que más que una voz humana pareció el rebuzno de un burro al que le han pellizcado un huevo:

¡¡¡Vinagre balsámico… de Módena!!!

En este punto no se entendió nada más, el entusiasmo había llegado a las estrellas: gritaban, lloraban, se agarraban a cabezazos uno al otro, se recetaban unos madrazos en la cara que uno llegó a perder tres dientes y otro se desmayó dándose puñetazos en el estómago solito.

Cuando la emoción bajó de intensidad y pudieron otra vez recuperar algo que se acercaba a la cordura, con caras de borrachos hicieron el solemne juramento de sangre de no revelar a nadie su descubrimiento. Y no por egoísmo ni codicia, sino para no arriesgarse a la condena de los padres guardianes de las tradiciones.

Pero obviamente, como siempre pasa, nadie mantuvo el juramento. Es típico de la naturaleza humana querer compartir con los demás lo que de bueno conoces o tienes. Y así, al cabo de unos días, en muchísimas familias preparaban secretamente esta vinagreta primordial, y los aullidos de placer llegaron inevitablemente a los guardianes de las tradiciones.

No habían pasado siquiera unas semanas, cuando la pequeña banda de italianos estaba detrás de los barrotes del tribunal de la moral pública. Los “malditos” herejes fueron acusados de querer destruir a la sociedad.

¡Estos criminales tienen que ser detenidos inmediatamente! —dijo el ministerio público. ¡Se empieza preparando una ensalada y se termina inventando la lasaña a la boloñesa! ¡Es así como se destruyen las tradiciones! Esto es inaceptable. Nuestros antepasados comían pasto, nosotros comemos pasto y nuestros hijos comerán pasto por los siglos de los siglos, amén.

Sus recetas fueron quemadas, sus discípulos perseguidos, y nuestros héroes terminaron rostizados como brochetas de pollo. Pero era demasiado tarde: la evolución humana había dado el primer paso del largo viaje hacia la cumbre de la conciencia humana. La humanidad había cambiado para siempre: ¡había nacido la ensalada!.

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